Fuerte capacidad para resistir la competencia de supermercados y hard discounters.
Con el 37% de las ventas de consumo masivo, estos pequeños negocios se mantienen como el principal canal de compra del país y muestran una fuerte capacidad para resistir la competencia de supermercados y hard discounters.
La tienda de barrio sigue siendo una pieza clave de la economía colombiana. En agosto, cuando el país celebra el Mes Nacional del Tendero y el Día Nacional del Tendero el próximo 30 de agosto, un estudio de NielsenIQ (NIQ) muestra que este canal concentra el 37% de las ventas de productos de consumo masivo, por encima de otros formatos de comercio.
Su importancia también se refleja en el número de compradores: 92% de los colombianos compra en tiendas de barrio. Además, las ventas mensuales promedio de estos establecimientos han crecido 13.8% en los últimos cuatro años.
Más allá de vender productos básicos, las tiendas funcionan como un termómetro del consumo nacional. Según NIQ, la relación entre el comportamiento de las tiendas y el mercado total colombiano alcanza una correlación de entre 0.9 y 1.0. En otras palabras, cuando un producto gana o pierde terreno en las tiendas, suele ocurrir algo similar en el mercado general.
Colombia cuenta actualmente con unas 453.750 tiendas de barrio, equivalentes al 13.1% de las tiendas de este tipo en América Latina. El país ocupa el tercer lugar regional en cantidad, después de Brasil y México, pero destaca por el tamaño de su oferta: una tienda colombiana maneja en promedio unos 350 productos, cifra que la ubica como la segunda mejor surtida de la región, después de Argentina.
Las bebidas son las grandes protagonistas de este comercio y representan el 63.5% del valor de las ventas. Los alimentos aportan 24.5% y los productos de higiene y cuidado del hogar y personal con un 7.1%. Solo cinco categorías —cervezas, gaseosas, leche, pasabocas y cigarrillos— concentran la mitad de las ventas.
El comportamiento del consumidor también muestra una tendencia hacia compras de bajo desembolso. El 76% de las ventas corresponde a productos que cuestan menos de 6 mil pesos. Sin embargo, el ticket promedio alcanza 9.260 pesos y el gasto promedio por hogar durante un trimestre llega a 276.993 pesos.
Otro de los datos que llaman la atención es la resistencia de las tiendas frente al crecimiento de los hard discounters. Aunque muchos clientes también compran en estos formatos, las tiendas tradicionales presentan el menor nivel de fuga de compradores entre los canales analizados.
La explicación está en factores difíciles de replicar: cercanía, horarios flexibles, compras pequeñas y la posibilidad de comprar “fiado”. Para muchos consumidores, la tienda sigue siendo la opción práctica para resolver una necesidad inmediata sin desplazarse grandes distancias ni hacer compras de alto volumen.
El vínculo entre tenderos y fabricantes también tiene sus propias reglas. Para el 30% de los tenderos, lo más importante al elegir un producto es que tenga buena rotación y se venda rápidamente. El 28% valora los incentivos comerciales, como descuentos o productos adicionales, mientras que el precio bajo ocupa el tercer lugar, con 23%.
Para las marcas, sin embargo, llegar a este enorme universo de pequeños negocios sigue siendo un desafío. La cantidad de puntos de venta, las rutas de distribución, los inventarios y la necesidad de mantener el surtido adecuado hacen que la operación sea compleja.
El estudio de NIQ señala que las empresas que utilizan sistemas de monitoreo integrado para conocer mejor el comportamiento de las tiendas crecen más en este canal: registran un crecimiento de 3.8%, frente al 1.9% de aquellas que no utilizan estas herramientas. En el total de canales, la diferencia también es favorable: 4.1% frente a 3.1%.
A pesar de la llegada de nuevos formatos de comercio, la tienda de barrio demuestra que su fortaleza está precisamente en lo cotidiano: está cerca, conoce a sus clientes y responde a compras pequeñas y frecuentes. Por eso, el 40% de los tenderos tiene una expectativa positiva sobre el futuro de su negocio y un 45% mantiene una visión neutral, mientras solo el 15% se muestra pesimista.
En Colombia, el pequeño negocio de la esquina sigue siendo grande en impacto. Y, por ahora, todo indica que continuará siendo uno de los principales motores del consumo del país.

















