ESET analiza cómo se almacenan sus conversaciones en esta herramienta.
Ya sea para programar, escribir correos electrónicos o resumir documentos complejos, la inteligencia artificial se ha convertido en una infraestructura digital básica para muchas personas y su uso paso a ser muy extensivo. ChatGPT, por ejemplo, alcanzó a principios de 2026, según datos que publica OpenAI, los 900 millones de usuarios activos semanales. Sin embargo, ESET, compañía líder en detección proactiva de amenazas, advierte que esta escala masiva trae consigo una cuestión crítica para la seguridad digital: ¿dónde va a parar cada palabra que se escribe en ese campo de texto?
“Muchas personas pueden creer que las conversaciones son volátiles y funcionan como un chat privado que desaparece al cerrar la ventana. En realidad, interactuar con grandes modelos de lenguaje implica una compleja red de almacenamiento y procesamiento de datos que puede exponer secretos comerciales o información personal sensible si no se tiene cuidado”, comenta Mario Micucci, Investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.
ESET afirma que cuando se escribe información en ChatGPT, no se guarda únicamente en el navegador. El texto recorre un camino que involucra tres capas fundamentales de tratamiento de datos:
- Almacenamiento e historial: En cuanto se envía un mensaje, se almacena en los servidores de OpenAI para que puedas acceder al historial en diferentes dispositivos y para que el chatbot mantenga el contexto de la conversación actual. Puede conservarse por períodos limitados, como hasta 30 días en ciertos casos, por motivos de seguridad y monitoreo de abusos.
- Entrenamiento de modelos (el punto crítico): Este es el centro del debate sobre la privacidad. Por defecto, OpenAI puede utilizar las conversaciones de las versiones gratuitas y Plus para perfeccionar sus modelos. Sin embargo, el usuario puede desactivar esta opción en la configuración. En ChatGPT Business, Enterprise, Edu, Healthcare y en la API, la herramienta no utiliza los datos para entrenamiento de forma predeterminada.
“Si un empleado introduce un fragmento de código propietario o un plan estratégico de marketing, es lógico pensar que, al entrenar el modelo con información propia, esta podría de alguna forma ser “utilizada” para otros usuarios. Estudios académicos han demostrado que los modelos de lenguaje de gran escala (LLM) pueden memorizar partes de sus datos de entrenamiento y que, bajo ciertas condiciones, esta información puede ser extraída mediante técnicas especializadas”, agrega Micucci.
- Revisión humana: Para garantizar que la IA no genere contenido ofensivo o peligroso, una muestra de conversaciones anonimizadas pasa por revisores humanos. Son especialistas capacitados que leen fragmentos de los diálogos para evaluar la calidad y la seguridad de la respuesta. Es decir, no es solo una máquina la que “lee” lo que se escribe; personas reales pueden tener acceso a partes de las interacciones.
“El mayor riesgo es que la IA aprenda patrones de los textos que se le comparten y los reproduzca de forma general en sus respuestas. Dependiendo de la herramienta, el tipo de cuenta y la configuración de privacidad, el contenido puede utilizarse para mejorar modelos futuros. Ingresar información confidencial puede exponer a la pérdida de control sobre información sensible y a riesgos de memorización o extracción de datos ya documentados en investigaciones sobre modelos de lenguaje. Por ello, los planes estratégicos, el código propietario, las credenciales, los datos de clientes o los documentos internos deben utilizarse únicamente en herramientas de IA aprobadas por la empresa y con controles de privacidad adecuados”, destaca Micucci.
Además de los riesgos inherentes al procesamiento de datos por parte de la plataforma, ESET advierte que existe una amenaza externa creciente que es el interés de los ciberdelincuentes en las credenciales de acceso a ChatGPT. Dado que las conversaciones suelen contener información sensible, código fuente y estrategias de negocio, una cuenta comprometida se convierte en una oportunidad para el espionaje industrial y el robo de identidad.
Datos de 2024 muestran que más de 225 mil registros de inicio de sesión de ChatGPT fueron encontrados a la venta en foros de la Dark Web. Este volumen masivo de credenciales robadas, a menudo mediante malware del tipo infostealer, demuestra que el peligro no está solo en lo que se escribe, sino en quién puede acceder al historial si una cuenta no está correctamente protegida.

















