Un destino que se transforma
El tradicional destino de sol, playa y compras amplía su propuesta para atraer a viajeros interesados en biodiversidad, cultura raizal y experiencias conectadas con el territorio.
San Andrés está viviendo una transformación en la manera en que los viajeros descubren el archipiélago. Aunque sus playas de arena blanca, el emblemático mar de los siete colores y su tradición comercial continúan siendo parte de su identidad, el destino empieza a ser explorado desde nuevas perspectivas: naturaleza, cultura, gastronomía, biodiversidad y experiencias que permiten una conexión más cercana con el territorio.
Durante décadas, el atractivo de San Andrés estuvo estrechamente ligado a sus playas y al comercio impulsado por su condición de Puerto Libre desde 1953. Hoy, el perfil del viajero ha evolucionado y la búsqueda de experiencias auténticas está llevando a descubrir otras facetas de la isla. Conocer sus ecosistemas, acercarse a la cultura raizal, explorar su historia y disfrutar de su gastronomía son ahora parte de una experiencia que va mucho más allá del tradicional descanso frente al mar.
Uno de los grandes protagonistas de esta nueva etapa es la Reserva de Biosfera Seaflower, reconocida por la UNESCO, que reúne una extraordinaria riqueza de arrecifes coralinos, manglares y especies marinas. Este patrimonio natural ha contribuido a ampliar la mirada sobre San Andrés y a posicionar experiencias relacionadas con la contemplación, el conocimiento y el respeto por sus ecosistemas.
La transformación también se evidencia en la forma de recorrer el destino. Johnny Cay, el Acuario, Haynes Cay, el Hoyo Soplador y la Cueva de Morgan hacen parte de las experiencias que permiten conocer diferentes paisajes y atractivos del archipiélago. A esto se suman lugares como San Luis, donde los visitantes pueden acercarse a la arquitectura tradicional, la gastronomía, la música y las costumbres de la comunidad raizal.
Este cambio en las preferencias también está llevando a la industria turística a replantear su papel. El hotel dejó de ser únicamente el lugar donde el viajero se hospeda para convertirse en un punto de conexión con el destino. Recomendaciones personalizadas, recorridos, actividades y alternativas de transporte cobran cada vez mayor relevancia para quienes buscan aprovechar su estadía para conocer diferentes facetas de la isla.
En este contexto, Decameron ha fortalecido su propuesta en San Andrés mediante una red de seis hoteles ubicados en diferentes sectores de la isla y a través de Decameron Explorer, programa que facilita el acceso a recorridos, actividades y transporte hacia algunos de los principales atractivos turísticos. La iniciativa busca acompañar a los viajeros en el descubrimiento de la diversidad natural, histórica y cultural del archipiélago, con alternativas que responden a diferentes intereses y formas de viajar.
“Hace algunos años, muchos viajeros llegaban a San Andrés motivados principalmente por su tradición comercial y playas. Hoy vemos un visitante que quiere navegar entre manglares, conocer la cultura raizal, recorrer la Reserva Seaflower, descubrir la historia del archipiélago y vivir experiencias que generen una conexión con el destino. Como cadena hotelera, nuestra evolución ha consistido en acompañar esa transformación y facilitar que cada huésped descubra una isla mucho más diversa de lo que imaginaba”, afirma Johana Cuan, Directora de Marketing Corporativo de Decameron.
La evolución del destino se da, además, en un contexto de crecimiento del turismo en Colombia y de una mayor búsqueda de experiencias auténticas, sostenibles y vinculadas con el patrimonio natural y cultural. De acuerdo con cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, San Andrés registró una ocupación hotelera del 57,3%, ubicándose entre los destinos con mayores niveles del país. Asimismo, cifras presentadas por el Gobierno Nacional durante la Vitrina Turística de ANATO 2026 señalaron al archipiélago entre los departamentos que registraron mayor crecimiento en la llegada de visitantes durante 2025.
Estos indicadores acompañan una transformación que va más allá de las cifras. San Andrés conserva sus grandes símbolos —el mar de los siete colores, sus playas y su tradición comercial—, pero hoy suma nuevos motivos para ser recorrido. La biodiversidad de Seaflower, la cultura raizal, la gastronomía, la historia y las experiencias de naturaleza están construyendo una visión más amplia de un destino que, sin perder su esencia, encuentra nuevas formas de conectar con los viajeros.

















