Según la OMS y UNICEF, 1 de cada 7 adolescentes sufre trastornos mentales.
La salud mental de los adolescentes y jóvenes toma el centro del debate. En Colombia y el mundo, el autocuidado se ha vuelto prioridad psicológica frente a los efectos de la sobreexposición a las redes sociales.
Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que el 14% de los adolescentes de entre 10 y 19 años padece un trastorno mental diagnosticado.
Por su parte, informes de UNICEF señalan que los cuadros de ansiedad y depresión representan cerca del 40% de los diagnósticos en la juventud, agravados en los últimos años por factores como el aislamiento, la presión social en plataformas digitales y la comparación constante.
Esperanza Gaona Pérez, Decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la IBERO, rescata los reportes del Ministerio de Salud en Colombia, en donde advierten que los jóvenes constituyen el grupo etario con mayor vulnerabilidad frente a problemas de salud emocional y que el uso ilimitado de redes sociales incide en la alteración del sueño, síntomas depresivos, ciberacoso y baja autoestima.
“Vivimos en una cultura de hiperconectividad, donde los entornos digitales premian la inmediatez y la búsqueda de validación externa, generando fatiga cognitiva e hiperalerta en los jóvenes. El problema con las redes sociales aparece cuando su uso se vuelve compulsivo, dejando de ser una herramienta para la conexión y sustituye otras formas de vínculo y descanso emocional”, explicó Gaona.
El autocuidado psicológico en el siglo XXI exige poner límites a la presencialidad digital para resguardar el bienestar emocional e interpersonal. Por esta razón, la Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO) y su Programa de Psicología comparten tres prácticas claves enfocadas a los jóvenes, para implementar un autocuidado integral en la era de las redes sociales:
1. Horarios sin pantalla antes de dormir: Evitar redes sociales al menos 60 minutos antes de acostarse; esto protege el ciclo del sueño y reduce la comparación social nocturna, mitigando uno de los factores de ansiedad reportados en adolescentes.
2. “Detox” periódico de contenidos: Revisar cada cierto tiempo los contenidos y a quién se sigue, y dejar de seguir cuentas que generen comparación constante o malestar, priorizando aquellas que aporten bienestar real.
3. Cambiar el scroll infinito o “doomscrolling” por conexiones en el mundo real: Destinar parte del tiempo que se invierte viendo contenido en redes sociales a actividad física o ejercicio, pasatiempos o conversaciones cara a cara, para fortalecer la autoestima y reducir la dependencia de la validación digital.
La IBERO hace un llamado a las familias, educadores y jóvenes a abrir espacios de conversación honesta sobre la salud emocional. El autocuidado debe ser una práctica diaria de salud pública donde el primer paso para volver a conectar con nosotros mismos es aprender a desconectarnos del entorno digital.

















