El desafío comienza antes de que la comida llegue a la mesa
Cada año, millones de toneladas de alimentos producidos para llegar a los consumidores terminan perdiéndose o desperdiciándose. En Colombia, el volumen alcanza los 9,76 millones de toneladas anuales, una cifra que equivale al 34 % de la oferta alimentaria nacional, de acuerdo con estimaciones del Departamento Nacional de Planeación (DNP). En otras palabras, cerca de una de cada tres toneladas disponibles para alimentar a la población no cumple finalmente ese propósito.
El fenómeno no es exclusivo del país. El Food Waste Index Report 2024, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), estima que en 2022 se desperdiciaron en el mundo 1.050 millones de toneladas de alimentos, equivalentes al 19 % de los alimentos disponibles para los consumidores. Los hogares representaron el 60 % de ese desperdicio, mientras que los servicios de alimentación concentraron el 28 % y el comercio minorista el 12 %.
La magnitud del problema adquiere otra dimensión cuando se compara con las necesidades alimentarias globales. Según Naciones Unidas, los hogares desperdiciaron cada día el equivalente a más de 1.000 millones de comidas, mientras alrededor de 783 millones de personas enfrentaban hambre. A esto se suma el impacto ambiental: la pérdida y el desperdicio de alimentos generan entre el 8 % y el 10 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
En América Latina y el Caribe, la situación también representa un reto para los sistemas alimentarios. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que en la región se pierden alrededor de 220 millones de toneladas de alimentos cada año, mientras distintos países continúan enfrentando problemas relacionados con la inseguridad alimentaria.
En Colombia, una parte importante del problema se presenta incluso antes de que los alimentos lleguen al plato. La FAO en Colombia señaló en abril de 2026 que el 60,3 % de la pérdida y desperdicio de alimentos ocurre antes de la etapa de consumo, asociado a factores como la producción, la logística, el transporte y el almacenamiento.
Las frutas y verduras se encuentran entre los productos más afectados. De acuerdo con el estudio del DNP, este grupo concentra cerca de 6,1 millones de toneladas de alimentos perdidos o desperdiciados al año en el país. Las pérdidas que se producen en estas etapas no solo representan alimentos que dejan de ser aprovechados, sino también recursos invertidos en cultivarlos, procesarlos, empacarlos, transportarlos y conservarlos.
Ante este panorama, la tecnología se ha convertido en una de las herramientas que la industria de alimentos está incorporando para intentar reducir las pérdidas a lo largo de la cadena. Las soluciones abarcan diferentes momentos, desde el procesamiento y el envasado hasta la conservación, el almacenamiento y la distribución.
Entre las alternativas se encuentran tecnologías orientadas a extender la vida útil de determinados productos y, en aplicaciones específicas, facilitar su almacenamiento y transporte sin necesidad de refrigeración. El objetivo es disminuir el deterioro de los alimentos perecederos durante los diferentes recorridos que realizan antes de llegar al consumidor.
La transformación también pasa por el uso de información. La digitalización de las plantas de producción permite recopilar datos directamente de las líneas y utilizarlos para detectar puntos en los que se presentan pérdidas, identificar oportunidades de eficiencia y tomar decisiones con mayor precisión. Al mismo tiempo, el aprovechamiento de subproductos abre posibilidades para convertir materiales que antes podían terminar como desperdicio en nuevos ingredientes o productos con valor agregado.
“La pérdida y el desperdicio de alimentos no se generan en un único punto de la cadena; existen distintos momentos en los que las decisiones pueden marcar la diferencia. Desde la transformación de los alimentos y bebidas hasta su envasado, almacenamiento y comercialización, contar con tecnología y conocimiento especializado permite responder a los desafíos de cada etapa, mejorar la eficiencia de los procesos y contribuir a preservar los alimentos por más tiempo”, explica Edwin Rozo, director de servicio de Tetra Pak Andina.
El ejecutivo señala además que este proceso tiene una relación directa con la experiencia del consumidor. “Todo este trabajo también se refleja en la confianza del consumidor, que reconoce y valora los atributos de un producto cuando estos se traducen en una experiencia que responde a sus necesidades, y es allí donde cada uno de estos puntos de contacto cobra relevancia”, agrega.
Las cifras permiten observar que la pérdida y el desperdicio de alimentos tienen múltiples puntos de origen. Mientras el panorama mundial identificado por UNEP muestra que los hogares concentran la mayor proporción del desperdicio medido en las etapas de consumo, en Colombia una parte considerable de las pérdidas ocurre mucho antes de que los productos lleguen a las familias.
Por eso, reducir el problema requiere mirar toda la cadena alimentaria y no únicamente el comportamiento del consumidor. Mejorar las condiciones de producción y poscosecha, optimizar el almacenamiento y el transporte, fortalecer los procesos de conservación y procesamiento y aprovechar mejor las materias primas son algunas de las áreas en las que existen oportunidades de intervención.
“También existen oportunidades dentro de las plantas de producción, la conectividad y el análisis de datos que permiten identificar dónde se generan pérdidas y tomar decisiones para reducirlas, mientras que el aprovechamiento de subproductos permite obtener mayor valor de las materias primas utilizadas”, afirma Rozo.
Así, el reto de aprovechar mejor los alimentos comienza mucho antes de que estos lleguen a la mesa. Las decisiones de los consumidores son importantes, pero también lo son las soluciones que permiten que una fruta, una bebida, un alimento procesado o cualquier otro producto pueda mantenerse en condiciones adecuadas durante las distintas etapas de su recorrido. En un país donde se pierden cada año 9,76 millones de toneladas de alimentos, reducir ese recorrido perdido representa un desafío que involucra a toda la cadena.

















