El desperdicio de comida empieza en casa.

Cómo influye la forma de guardar los alimentos

En Colombia, una parte importante del desperdicio de alimentos ocurre dentro de los hogares. Cada año se pierden millones de toneladas de comida, especialmente frutas y verduras, muchas veces por compras excesivas o por prácticas inadecuadas de almacenamiento. El problema adquiere mayor dimensión si se tiene en cuenta que, según datos de la FAO, el 25,5 % de los hogares del país enfrenta inseguridad alimentaria.

Una de las razones menos visibles de esta pérdida ocurre dentro del refrigerador. Factores como la falta de una temperatura uniforme, la mala circulación de aire o la acumulación de gases naturales —como el etileno, que acelera la maduración de frutas y verduras— pueden reducir considerablemente la vida útil de los alimentos.

“La conservación no depende solo del frío. También influyen la estabilidad térmica y la calidad del aire dentro del electrodoméstico. Cuando estas condiciones fallan, los alimentos se deterioran más rápido y eso termina afectando el bolsillo de las familias”, explica Catherin Ospina, gerente de mercadeo de LG Colombia.

En ese contexto, algunos fabricantes han comenzado a incorporar sistemas diseñados para mejorar las condiciones internas de los refrigeradores. Entre ellos se encuentran tecnologías de filtración de aire que reducen la presencia de bacterias y neutralizan olores, así como sistemas de distribución de frío que buscan mantener una temperatura más estable en todos los compartimientos.

Este tipo de mecanismos funciona mediante filtros internos que purifican el aire y lo redistribuyen dentro del equipo, mientras que otras soluciones añaden salidas adicionales de aire frío para equilibrar la temperatura, especialmente en zonas como la puerta del refrigerador, donde las variaciones térmicas suelen ser más frecuentes debido a la apertura constante.

El objetivo, según especialistas del sector, es prolongar la frescura de los alimentos y reducir su deterioro prematuro. Al mantener condiciones más estables de conservación, frutas, verduras y lácteos pueden durar más tiempo en buen estado, lo que disminuye la necesidad de reemplazarlos con frecuencia.

Más allá de la comodidad tecnológica, el impacto se refleja en la economía doméstica. Una mejor conservación de los alimentos puede traducirse en menos desperdicio y en un uso más eficiente del presupuesto destinado a la alimentación.

En un país donde millones de hogares enfrentan dificultades para acceder a una dieta suficiente, reducir la pérdida de alimentos dentro de casa se convierte en una acción clave. Pequeños cambios en la forma de almacenarlos —y en la tecnología que los conserva— pueden marcar la diferencia entre aprovechar la comida o terminar desechándola.

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