Teléfonos inteligentes se consolidan como una fuente de información.
Cada vez que una persona descarga una aplicación y acepta sus permisos sin leer las condiciones, puede estar compartiendo mucha más información de la que imagina. La inteligencia artificial, presente hoy en plataformas de compras, redes sociales, banca, transporte, entretenimiento y estudio, recopila datos que permiten conocer hábitos, preferencias e incluso comportamientos de los usuarios.
El crecimiento del uso de teléfonos inteligentes ha convertido al celular en una fuente permanente de información. Según expertos, además de datos básicos como el nombre, el correo electrónico o el número de teléfono, muchas aplicaciones registran la ubicación, el tiempo de uso, las búsquedas realizadas, las compras, los métodos de pago, la frecuencia de interacción y hasta información biométrica obtenida mediante reconocimiento facial o huellas digitales.
Andrés Cárdenas Rojas, Director del Programa Virtual de Ingeniería de Sistemas de Areandina Sede Valledupar, explica que estos datos permiten construir perfiles muy detallados sobre los usuarios.
“Las aplicaciones con inteligencia artificial recopilan información de comportamiento con un enorme valor de análisis, muchas veces sin que las personas sean plenamente conscientes de ello”, señala.
Uno de los mayores riesgos está en aceptar los términos y condiciones sin revisarlos. Al hacerlo, el usuario puede autorizar el uso, almacenamiento y transferencia de sus datos a terceros, lo que puede derivar en publicidad altamente personalizada, perfiles automatizados e incluso en decisiones comerciales basadas en su comportamiento digital.
Los especialistas recomiendan revisar periódicamente los permisos que tienen las aplicaciones instaladas y verificar que estos sean coherentes con su funcionamiento. Si una herramienta solicita acceso a la ubicación, el micrófono o los contactos sin una razón evidente, lo más recomendable es restringir esos permisos o buscar otra alternativa.
También aconsejan activar la autenticación en dos pasos, utilizar contraseñas seguras, eliminar las aplicaciones que ya no se usan y evitar compartir información biométrica en juegos o retos virales cuyo destino final se desconoce.
En Colombia, la Ley 1581 de 2012 protege los datos personales y permite a los ciudadanos conocer, actualizar, corregir o eliminar la información que han autorizado compartir. Sin embargo, los expertos insisten en que la mejor defensa sigue siendo la prevención y la educación digital.
Antes de instalar una nueva aplicación, una recomendación sencilla puede marcar la diferencia: preguntarse para qué necesita cada permiso solicitado, si realmente es indispensable otorgarlo y si la aplicación puede funcionar con un acceso más limitado. En la era de la inteligencia artificial, proteger la información personal se ha convertido en una habilidad esencial para navegar de forma segura en el mundo digital.

















