Las campañas de prevención sobre la salud visual se destacan.
La visión suele cambiar de manera silenciosa. Una dificultad que aparece al leer, la necesidad de acercar cada vez más el celular, el cansancio después de pasar varias horas frente a una pantalla o los problemas para ver de noche pueden parecer molestias pasajeras, pero también pueden ser señales de que los ojos necesitan una revisión.
Prestar atención a estos cambios es fundamental. Detectar oportunamente una enfermedad ocular puede marcar la diferencia entre conservar la visión, controlar una condición a tiempo o enfrentar un deterioro que puede llegar a ser irreversible. Algunas patologías, como el glaucoma y la retinopatía diabética, pueden avanzar durante años sin presentar síntomas evidentes, por lo que esperar a que aparezcan molestias intensas no siempre es la mejor estrategia.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 2.200 millones de personas en el mundo viven con algún tipo de discapacidad visual o deterioro de la visión y, en al menos mil millones de estos casos, la pérdida visual pudo haberse prevenido o aún no ha recibido tratamiento. Entre las principales causas se encuentran los errores refractivos no corregidos, las cataratas, el glaucoma y la retinopatía diabética.
En este contexto, el Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos (CRAC) invita a la población a no asumir que los cambios en la visión son simplemente consecuencia del paso de los años y a consultar a un especialista cuando aparezcan señales que puedan indicar una alteración ocular.
Una de las primeras alertas es la visión borrosa que se presenta con frecuencia. Si leer, reconocer rostros, conducir, ver televisión o enfocar objetos cercanos o lejanos comienza a requerir un esfuerzo mayor, es importante buscar una valoración. Aunque en algunos casos puede tratarse de un problema de refracción que requiere ajustar la fórmula de los lentes, también puede estar relacionado con cataratas, glaucoma, enfermedades de la retina o manifestaciones oculares asociadas a condiciones como la diabetes.
Los ojos también pueden advertir que algo no está funcionando bien a través del cansancio, el ardor, el lagrimeo, la sensación de pesadez o los dolores de cabeza que aparecen al finalizar el día. Estas molestias pueden presentarse después de largas jornadas frente al computador, el celular o realizando actividades que exigen concentración visual. Sin embargo, cuando son frecuentes o persisten, no deberían atribuirse únicamente al uso de pantallas, ya que también pueden estar relacionadas con alteraciones visuales que aún no han sido diagnosticadas.
Otra señal que merece atención es la dificultad para ver cuando cae la noche. Tener problemas para conducir con poca iluminación, distinguir objetos en espacios oscuros o adaptarse rápidamente al pasar de un lugar iluminado a uno con poca luz puede estar relacionado con cataratas u otras condiciones que afectan la capacidad del ojo para responder a diferentes niveles de iluminación. Una revisión permite determinar si se trata de un cambio propio de la edad o si existe una enfermedad que requiere seguimiento.
Hay síntomas que, por su aparición repentina, requieren todavía mayor atención. Ver manchas o puntos negros que antes no estaban, percibir destellos de luz, observar líneas o notar que una sombra comienza a cubrir parte del campo visual puede ser señal de alteraciones en la retina o el vítreo. Ante estos cambios, especialmente si aparecen de manera súbita, se recomienda acudir cuanto antes a valoración oftalmológica, pues una atención oportuna puede ayudar a evitar complicaciones que comprometan la visión.
La pérdida súbita de visión, la visión doble, la distorsión de las imágenes o una disminución importante de la capacidad para ver también deben considerarse señales de urgencia. Estos síntomas pueden tener diferentes causas, algunas de ellas relacionadas directamente con los ojos y otras con condiciones generales de salud, por lo que requieren una evaluación médica inmediata.
La prevención adquiere aún mayor importancia en enfermedades como el glaucoma, conocido como el “ladrón silencioso de la visión” porque puede desarrollarse durante años sin provocar síntomas claros. Cuando una persona comienza a notar cambios importantes, el daño en el nervio óptico puede ser permanente. Por eso, los controles periódicos son especialmente importantes después de los 40 años y para quienes tienen factores de riesgo como antecedentes familiares de enfermedades oculares, diabetes, hipertensión arterial o miopía alta.
“La pérdida de visión no siempre ocurre de manera repentina. En muchos casos el ojo envía señales que las personas tienden a ignorar o atribuyen al cansancio o a la edad. Escuchar esas señales y acudir a una valoración oftalmológica a tiempo puede hacer la diferencia entre preservar la visión o enfrentar una condición irreversible”, señala Johanna Rozo, Coordinadora del Centro de Salud Visual del Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos (CRAC).
Cuidar los ojos, por tanto, no debería ser una tarea que comienza únicamente cuando aparece un problema. Los controles preventivos, una valoración ante cualquier cambio y el seguimiento de las recomendaciones médicas permiten identificar enfermedades de manera temprana y tomar decisiones antes de que el deterioro visual afecte actividades tan cotidianas como estudiar, trabajar, desplazarse o relacionarse con otras personas.
La salud visual hace parte del bienestar y la autonomía. Reconocer las señales, evitar normalizar los cambios y consultar a tiempo son pasos sencillos que pueden contribuir a proteger uno de los sentidos más importantes para desenvolverse con independencia y calidad de vida.

















