Rachas, emojis y mensajes: el nuevo lenguaje de la Gen Z

Estar conectado también es una forma de cuidar los vínculos.

Las “rachas” digitales se convirtieron en uno de los códigos cotidianos de comunicación entre adolescentes. El desafío para las familias no es entender cuántos días marca el contador, sino comprender qué significa esa interacción y cómo acompañarla de forma segura.

Para un adulto, perder una racha de 300 días en redes sociales puede parecer un drama difícil de explicar. Para un adolescente, puede sentirse como perder una pequeña prueba de constancia: una señal de que durante meses alguien estuvo presente, aunque fuera a través de una foto, un video o un mensaje enviado desde el teléfono.

En Colombia, esta forma de relacionarse ocurre en un contexto de alta conectividad. Según el más reciente informe de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) sobre consumo digital, el 81% de los adolescentes entre 14 y 17 años tiene un teléfono inteligente propio y el 77% administra activamente perfiles en redes sociales.

A esto se suma la Encuesta de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en Hogares del DANE, que señala que más del 90% de los usuarios accede a internet mediante dispositivos móviles.

En ese escenario, las llamadas streaks o “rachas” de plataformas como Snapchat o TikTok dejaron de ser una simple dinámica de juego para convertirse en parte del lenguaje social de muchos jóvenes. Mantenerlas implica enviar al menos un mensaje, fotografía o video cada 24 horas; si el intercambio se interrumpe, el contador vuelve a cero.

La lógica puede resultar extraña para generaciones acostumbradas a otras formas de comunicación, pero para los adolescentes la racha funciona como una señal cotidiana de cercanía. No necesariamente importa el contenido enviado: lo que cuenta es la continuidad. Un gesto tan sencillo como compartir una imagen puede traducirse en un “hoy también pensé en ti”.

“Muchas veces analizamos el comportamiento digital desde la lógica de generaciones anteriores. Sin embargo, para los jóvenes la tecnología no reemplaza las relaciones; hace parte natural de ellas. Comprender esos códigos es fundamental para diseñar experiencias que realmente conecten con las personas”, explica Kenet Segura, PR Manager de HONOR Colombia.

La discusión, sin embargo, va mucho más allá de entender por qué alguien quiere conservar una racha. El verdadero desafío está en la seguridad: quién está al otro lado de la pantalla, qué información se comparte y cuánto están expuestos los menores en un entorno digital que cambia constantemente.

“No es posible gestionar los riesgos de un ecosistema que no se comprende a nivel operativo. Antes de penalizar las dinámicas de interacción de las nuevas generaciones, la clave está en descifrar su lógica de uso y activar protocolos de confianza, privacidad de datos y bienestar digital dentro del hogar”, señala Segura.

Esta transformación también plantea nuevas responsabilidades para la industria tecnológica. Los teléfonos ya no solo deben responder a las exigencias de rendimiento, batería o entretenimiento; también necesitan incorporar herramientas que permitan acompañar el uso cotidiano de manera segura.

En este sentido, los dispositivos HONOR permiten utilizar Bienestar Digital y Google Family Link para gestionar aspectos como el tiempo frente a la pantalla, establecer modos de concentración durante el estudio o el descanso y controlar permisos relacionados con funciones como la cámara, el micrófono y la ubicación.

La tecnología también avanza en aspectos relacionados con la experiencia de uso. Entre las tendencias de la industria se encuentran baterías de alta densidad de 7.000 mAh, capaces de ofrecer hasta 2.5 días de uso continuo con una sola carga, así como sistemas orientados a reducir la fatiga visual y favorecer un uso más cómodo de los dispositivos.

“La verdadera innovación también consiste en desarrollar tecnología que genere confianza. Cuando un dispositivo ofrece herramientas para proteger la privacidad, promover el bienestar digital y dar mayor control a las familias, está contribuyendo a que la experiencia tecnológica sea más humana y más segura”, afirma Segura.

Los códigos digitales seguirán cambiando y con ellos aparecerán nuevas formas de comunicarse, relacionarse y construir vínculos. Una racha puede ser un contador, una costumbre o incluso una pequeña tradición entre dos personas, pero detrás de esos números existe algo mucho más sencillo: el deseo de mantenerse en contacto.

El reto para las familias no está en frenar esa evolución, sino en acompañarla con conversación, confianza y herramientas que permitan a los jóvenes habitar el mundo digital de una manera segura.

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