El reto de educar en la era hiperconectada ya no es prohibir

Niños, celulares y redes sociales

En Colombia, el celular dejó de ser un objeto lejano para convertirse en parte del crecimiento de los niños. Hoy, más de la mitad de los menores ya tiene uno y lo usa a diario para comunicarse, entretenerse y aprender. Pero detrás de esa conexión constante también crecen las preocupaciones de padres y expertos.

Según datos de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), el 61 % de los niños y adolescentes en el país ya cuenta con teléfono móvil, y el uso de redes sociales se dispara en la adolescencia. A esto se suma que los menores pueden pasar hasta 8,9 horas al día frente a pantallas, una cifra que muestra cómo la tecnología ya es parte central de su rutina.

El problema, advierten especialistas, no es el dispositivo, sino la forma en que se usa. Las redes sociales están diseñadas para mantener la atención constante y, sin acompañamiento, pueden afectar el sueño, la concentración, la autoestima y la vida social de los jóvenes.

La preocupación también tiene un fondo más profundo. De acuerdo con UNICEF, el 44,7 % de los niños y adolescentes en Colombia presenta algún tipo de afectación en su salud mental, y el uso excesivo de redes sociales está relacionado con ansiedad, depresión y comportamientos de dependencia en 1 de cada 4 jóvenes.

En este contexto, la conversación sobre tecnología en casa está cambiando. Ya no se trata solo de prohibir el acceso al celular, sino de aprender a convivir con él. Organismos como la UNESCO han insistido en que la educación digital es clave para que los menores puedan usar la tecnología de forma segura y consciente.

Desde el sector tecnológico, marcas como HONOR plantean que el reto debe empezar en casa, con los padres. “La tecnología no es el problema. El verdadero desafío es acompañar su uso, poner límites claros y generar diálogo”, explica Jorge Forero, vocero de la compañía en Colombia.

La idea es simple: el celular no debe desaparecer de la vida de los niños, pero sí necesita reglas claras. Hablar de horarios, acordar momentos sin pantallas, conocer qué aplicaciones usan y con quién interactúan son pasos básicos para construir una relación más sana con lo digital.

También se insiste en algo clave: los adultos dan el ejemplo. Más que las prohibiciones, lo que más influye en los niños es lo que ven en casa. Si los padres logran un uso equilibrado de la tecnología, es más probable que los hijos también lo hagan.

En un mundo cada vez más conectado, el reto no es desconectarlos, sino enseñarles a conectarse mejor

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